Cuando las cosas no son realmente lo que parecen, y las posibilidades de lo que puede ser alcanzan un número ínfimo, es el momento exacto y justo de volver a la primitiva herramienta humana de supervivencia, la evasión…
Desde fuera podía oír el sonido de un pájaro…. En la pared veía jugar las sombras con la luz rojiza del sol en un atardecer de verano, en el que hasta ese momento sentí que el mundo había sido hecho para nosotros dos, la soledad de mi habitación me consumía poco a poco, tumbado en mi cama y con la tenue luz de Madrid entrando por mi ventana.
No podía parar de leer cada una de las letras de aquella carta, cada una de esas letras una y otra vez, como cuchillas una a una desgarraban el interior vacio de un corazón que resignado al dolor luchaba por sobrevivir, esa carta fue el golpe de gracia que marcaria el final de esa adolescencia que creía sería eterna.
No encontraba fuerzas para moverme, la resignación domino el espíritu rebelde lleno de ímpetu que soñaba con volar, el amante de limites había muerto, y todo por haber confiado, por amar, por arrojarse a jugar con el destino o mejor dicho contra él. El llevaba la mejor mano e iba dispuesto a ganar pero el caprichoso destino consiguió salirse con la suya, todo había sido una trampa, no podía hacer nada, siquiera podía levantarme de la cama sentía que el cuerpo ya no era mío, no me pertenecía, apreté mi cabeza contra la almohada y grite, grite como nadie nunca antes lo había hecho en este mundo, mientras tanto las lagrimas empezaron a rodar por mis mejillas y empece a recordad cada una de las tardes que pasamos juntos viendo el atardecer bajo del puente de Brooklyn….(Continuará)
No podía parar de leer cada una de las letras de aquella carta, cada una de esas letras una y otra vez, como cuchillas una a una desgarraban el interior vacio de un corazón que resignado al dolor luchaba por sobrevivir, esa carta fue el golpe de gracia que marcaria el final de esa adolescencia que creía sería eterna.
No encontraba fuerzas para moverme, la resignación domino el espíritu rebelde lleno de ímpetu que soñaba con volar, el amante de limites había muerto, y todo por haber confiado, por amar, por arrojarse a jugar con el destino o mejor dicho contra él. El llevaba la mejor mano e iba dispuesto a ganar pero el caprichoso destino consiguió salirse con la suya, todo había sido una trampa, no podía hacer nada, siquiera podía levantarme de la cama sentía que el cuerpo ya no era mío, no me pertenecía, apreté mi cabeza contra la almohada y grite, grite como nadie nunca antes lo había hecho en este mundo, mientras tanto las lagrimas empezaron a rodar por mis mejillas y empece a recordad cada una de las tardes que pasamos juntos viendo el atardecer bajo del puente de Brooklyn….(Continuará)
To my dear A.F.G

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